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Me sacan en la prensa de mi universidad – El Efecto Unicornio

mayo 28, 2026 Aparición en prensa
Ivan apoyado en monitores de ordenadores

Hay una frase que llevo tiempo repitiendo.

No gana siempre el que mejor hace una cosa.

Muchas veces gana el que sabe juntar varias cosas que, en principio, no deberían ir juntas.

Eso es lo que yo llamo el efecto unicornio.

Y creo que, en parte, eso fue lo que hizo que mi universidad acabara entrevistándome.

La Universidad Pontificia de Salamanca publicó una entrevista sobre mi trayectoria como estudiante de Ingeniería Informática, creador de contenido y fundador de proyectos digitales. Y aunque en el titular aparezcan redes, cámara, ingeniería y exposición pública, para mí el fondo de la entrevista no va de eso.

Va de algo más simple.

De ser difícil de clasificar.

Porque lo normal es que un ingeniero informático programe.

Que esté detrás de una pantalla.

Que hable de código, servidores, frameworks, bases de datos y proyectos técnicos.

Y eso está bien.

Pero si solo haces eso, compites con miles de personas que también saben hacerlo.

Algunas incluso mejor que tú.

El problema no es ese.

El problema es pensar que tu diferencia tiene que venir de una única habilidad extraordinaria.

Durante mucho tiempo se nos ha vendido esa idea.

Especialízate.

Sé el mejor.

Céntrate en una sola cosa.

No te disperses.

Y tiene sentido.

Pero también hay otra forma de construir valor.

Una forma menos evidente.

Juntar habilidades.

Programar y comunicar.

Crear software y saber venderlo.

Entender tecnología y explicar por qué importa.

Estudiar ingeniería y ponerse delante de una cámara.

Participar en hackathons y construir audiencia.

Hacer proyectos y convertirlos en historia.

Eso no es lo habitual.

Y precisamente por eso llama la atención.

En mi caso, la informática me dio una base técnica. Me enseñó a pensar, estructurar problemas y construir soluciones reales.

La creación de contenido me obligó a aprender otra cosa: comunicar con claridad. Decir algo de forma que otra persona lo entienda, le interese y quiera seguir escuchando.

Los hackathons me dieron presión. Poco tiempo, problemas complejos, equipos, decisiones rápidas y la obligación de presentar una solución que tuviera sentido.

Los proyectos reales me bajaron a tierra. Porque una cosa es hacer algo que funciona en clase y otra muy distinta es crear algo que pueda usar un negocio, una persona o una comunidad.

Y la marca personal fue el punto donde todo empezó a mezclarse.

Ahí está la ventaja.

No en ser solo ingeniero.

No en ser solo creador.

No en ser solo emprendedor.

No en ser solo buen comunicador.

Sino en la mezcla.

Eso es lo que me parece más interesante de la entrevista.

No que la universidad me sacara en su web.

Eso está muy bien, claro.

Pero lo importante es lo que representa.

Representa que hoy ya no basta con tener conocimientos técnicos si no sabes moverlos, explicarlos y convertirlos en algo visible.

Representa que una carrera como Ingeniería Informática puede abrir muchas más puertas que las típicas.

Representa que exponerse también forma parte del proceso.

Porque sí, da vergüenza.

Da vergüenza publicar.

Da vergüenza hablar a cámara.

Da vergüenza enseñar lo que estás construyendo.

Da vergüenza que la gente vea tus intentos antes de que estén perfectos.

Pero también es ahí donde pasan cosas.

Si nadie ve lo que haces, es mucho más difícil que alguien lo valore.

Y esto no significa convertirse en una marca vacía.

Significa aprender a mostrar lo que construyes.

A contar por qué importa.

A conectar puntos.

A dejar de esconder habilidades porque no encajan en una etiqueta limpia.

Durante años pensé que tener intereses muy distintos podía ser un problema.

Hoy pienso justo lo contrario.

Puede ser la mayor ventaja.

Porque cualquiera puede copiar una habilidad aislada.

Pero es mucho más difícil copiar una combinación personal de experiencias, obsesiones, proyectos, errores, aprendizajes y formas de mirar el mundo.

Eso es el efecto unicornio.

No ser perfecto.

No ser el mejor en todo.

Ser una combinación rara.

Y hacer que esa combinación trabaje a tu favor.

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